Naturaleza

Una historia sobre el fracking

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Siempre puñal en mano, Gus Van Sant atiza contra el capital. Ordena sus pensamientos mientras deja caer su cámara en los tranquilos paisajes que ofrece Pennsylvania, en el noreste de los Estados Unidos. Las palabras las maneja uno de sus pupilos, Matt Damon. Este no solo escribe, también interpreta al protagonista del film. En el núcleo de todo está la conciencia: qué hacer, cómo actuar. Nos sitúan entre nosotros y ellos. El corazón frente a la cabeza. El sentimiento frente a los números. Qué América queremos construir. ¿De verdad vamos a vender nuestras tierras, nuestra forma de vida? Los dilemas de Damon canalizan las divulgativas aguas de este film: el fracking está bajo su punto de mira. Los demócratas estadounidenses se frotan las manos. La película busca llegar al gran público y, con esta intención, pierde profundidad mientras baña innecesariamente sus fotogramas con el simplón romance que representa Rosemarie DeWitt o la payasa manera con que se introduce el tema de Irak a través del personaje a quien interpreta Scoot McNairy. El panfleto, por desgracia, nadie lo discute. Igualmente tiene su punto, pues se ve con gusto. Andan por aquí Frances McDormand -brillante en su desoladora actuación- y un siempre acertado Hal Holbrook, líder espiritual de la narración. El puñetazo se queda en poco. La cosa daba para más.   

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Gus Van Sant (2012) Promised land

Adiós al valle

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Cuatro amigos deciden olvidar la vida en Atlanta por unos días. El domingo estarán de vuelta para disfrutar del partido. Sin problemas. Piensan evadirse rodeándose de la naturaleza, adentrarse en los montes Apalaches y navegar el río Cahulawassee. Tal río, en realidad, no existe. Son aguas inventadas por James Dickey, aunque la ficción también le pone fin: una presa, amenaza explícita en el cine de John Boorman (La selva esmeralda, 1985), terminará prematuramente con el valle. A Ned Beatty, fantoche urbanita, poco le importa. Quiere su tienda de campaña, su vino y sus risas con los amigos. No sabe todavía lo que le viene encima. La calidez de la naturaleza -tan bien retratada por Vilmos Zsigmond– dura un asalto. El karma de los bosques no quiere a estos chicos de ciudad merodeando por allí. Aquella se rebela contra el intruso. El río los escupe. Y el montañero los maltrata. El arco de Burt Reynolds contraataca. La mirada de Jon Voight aterra. El hombre es un lobo para el hombre. Una vez más, la violencia y las manidas tinieblas se imponen. Se esfuma la armonía en nombre de la supervivencia. Dos mundos que colisionan: ¿quién golpeó primero? Pesadilla impoluta. Queda Ronny Cox y un harapiento muchacho… un duelo banjo-guitarra emblemático.    

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John Boorman (1972) Deliverance