Prostitución

Buñuel y la burguesía: la pérdida de la inocencia de Catherine Deneuve

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En su obsesión por destrozar los cimientos burgueses, Luis Buñuel se agarra a la inmensa Catherine Deneuve y a su volátil interpretación para dar rienda suelta a un relato en el que el corsé burgués se enmaraña con la liberación sexual de la mujer. Ella es una esposa modélica, sensible y delicada. Tiene una apariencia incorrupta que se ha ido gestando desde su conservadora niñez. Cuida de su hogar y de su marido. Sin embargo, sueña con otra vida. Enfermizas historias de amor le desvelan mientras la perversa fantasía corrompe su hipócrita cotidianidad. Quiere a su chico, Jean Sorel, pero el acomodo la espanta. En el fondo, busca desatarse. La prostitución emerge como un universo subterráneo, atractivo y peligroso a la vez. Es así, temerosa, como acude a reclamar la atención de Madame Anais. Pronto la bautizarán: Belle de jour. El machismo lo carcome todo, sueño y realidad. Tanto da un burdel como una casa de bien. La hipnótica puesta en escena del cineasta estalla definitivamente con la presencia de Francisco Rabal y, sobre todo, con el enigmático personaje a quien interpreta Pierre Clémenti. El aire feminista se agita con un torbellino misógino. Los fantasmas, reales e imaginarios, alteran la simulada inocencia del verdadero corazón del film que, como digo, no es otro que Catherine Deneuve. Todo es muy turbio en esta voraz odisea femenina.     

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Luis Buñuel (1967) Belle de jour

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