Madeline Kahn

La épica del desarraigo

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Una niña le dice adiós a su madre. No llora, aunque está triste. Es la expresión que siempre le ha acompañado. No es fácil crecer en los años treinta si vives en Kansas, corazón de los Estados Unidos. Por allí aparece un atractivo joven. Ella lo sabe… es su padre: ¡tienen la misma mandíbula! También lo son en la vida real… RyanTatum O’Neal. Viajan por las carreteras que ofrece la geografía. Melancólica, a este respecto, la fotografía de Laszlo Kovacs. Y sobreviven, salen del paso. El timo se convierte en su forma de vida, qué remedio. Una biblia dedicada, un billete firmado de veinte dólares o unas cuantas botellas de alcohol robadas. Tanto da. Acumulan su pequeña porción de riqueza, mientras granjeros famélicos se cruzan con ellos. Entretanto, oportunas casualidades, las granjas industriales comienzan a levantar su imperio. Démosle dinero, dice la niña. ¿Ayudar al prójimo? Quizás cuando aparezca la buscona de Madeline Kahn. Le pone furiosa. No la traga. Menos mal que habla Roosevelt por la radio. Promete futuro, vende ilusión. Le dibuja una sonrisa a la pobre niña. Ella se fuma un cigarrillo, fantasea con ser mayor. Le hace compañía al desgraciado hombre con el que comparte camino. Se han cogido cariño. Al menos, se tienen el uno al otro. Peter Bogdanovich escribe un capítulo de historia. Y lo hace entre puñetazos, aunque guardando siempre una sonrisa para el final: You still owe me two hundred dollars.

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Peter Bogdanovich (1973) Paper moon