Marcello Mastroianni

La soledad de la compañía

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Milán. La ciudad despierta mientras un moribundo se apaga en la cama de un hospital. Marcello Mastroianni lo visita en compañía de su esposa, Jeanne Moreau. Ella se marcha primero, aturdida. Él sale después. Una joven se le abalanza. Tiene una mirada de obsesión y desquicio. Repele y atrae a la vez. Su esposa, mientras, camina sin un destino concreto. Ve cómo se golpean dos chavales en una pelea. Oye el estruendo de los cohetes con los que se entretiene la juventud. Parece un barrio humilde. Un barrio que ni ella -hija de una familia bien- ni él -escritor e intelectual- conocen de cerca. Se mueven en otros círculos. Parecen cansados. Deciden salir a cenar: casi no hablan, no se miran, no se atienden. ¿Realmente se quieren? Acuden a una fiesta de un industrial milanés. Ambiente farandulero y vomitivo, pero cargado de atractivas mujeres. Él tontea con una rubia, admiradora de su obra. Ella observa con indiferencia la estampa mientras huye, bajo la lluvia, en el coche de otro hombre. Ha visto a su marido acariciar y besar a la guapísima Monica Vitti. Y no siente nada. Quiere morirse. Morir por piedad. Tuvieron días felices. Ahora, en cambio, él no recuerda ni sus propias palabras. La noche ya no les pertenece.

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Michelangelo Antonioni (1961) La notte