Nino Rota

La Roma de los anarquistas

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Matar a Mussolini. Qué poética misión le aguarda a Giancarlo Giannini en la Roma de los años treinta. Viene del campo, de la Lombardia, del interior. Nunca ha visto el mar. Tampoco le importa. Quiere liberar a Italia de las fascistas plegarias de su líder. Los libros de Historia escribirán su nombre en ellos. No lo hace por ideal, gloria ni convicción. Lo hace por el respeto a una vieja amistad. En un burdel le espera Mariangela Melato, antigua amante de un anarquista caído, sentimental revolucionaria ahora. La compañía de las prostitutas estrechará el lazo del amor: Tripolina. O lo que es igual, Lina Polito. Suena la canzone arrabbiata, compuesta por Nino Rota y cantada por la hermana de la protagonista, Anna Melato. Se han enamorado. Ahora la vida parece más bonita. Las mañanas se presentan estupendas. Pero sería un pecado no cortar por lo sano el cuello del fascismo. Volverá la palidez, la angustia y la sudorosa expresión. Pobres desgraciados… anarquistas, prostitutas y unas calles decaídas. Lina Wertmüller termina citando a Malatesta, pero antes ha redactado el informe policial: Stamattina alle 10 in via dei Fiori nella nota casa di tolleranza… perdieron todos, aunque venció la dignidad. 

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Lina Wertmüller (1973) Film d’amore e d’anarchia: Stamattina alle 10 in via dei Fiori nella nota casa di tolleranza…

En la soledad de la ciudad

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La noche cae y un grupo de personas se despide. El alma de Dostoievski pulula en el ambiente. Cada uno va por su cuenta. Uno de ellos vaga por las calles de Livorno. Es Marcello Mastrioanni, más solo que nunca. ¿Acaso fue feliz algún día? Está harto de no hablar con nadie, de no sentir nada. Un nómada sin raíces que escucha, de pronto, un llanto. Es la hermosa Maria Schell abrazada a un melancólico puente, esperando, entre la decepción y la tristeza, la vuelta de su amado. Él le habla tímidamente mientras se ofrece para acompañarla a casa. Ella acepta a regañadientes. ¿Comienza así una nueva historia de amor? Eso le gustaría a él, quizás el chico más apuesto del lugar. Una íntima batalla escenificada con sentimiento y emoción -que no sensiblería- por Luchino Visconti. La fotografía de Giuseppe Rotunno es preciosa. Él la quiere, aunque ella no lo quiere a él. Él le dice que la esperará, mientras ella dice que quizás. Él se resigna, pues el corazón de ella está ocupado en otro sitio. El pobre infeliz no ha conseguido escapar de la soledad de la ciudad. La historia acaba igual que comienza: Nino Rota lo expresa maravillosamente. Al menos han bailado, han reído y han paseado felices.

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Luchino Visconti (1957) Le notti bianche