Scoot McNairy

Una historia sobre el fracking

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Siempre puñal en mano, Gus Van Sant atiza contra el capital. Ordena sus pensamientos mientras deja caer su cámara en los tranquilos paisajes que ofrece Pennsylvania, en el noreste de los Estados Unidos. Las palabras las maneja uno de sus pupilos, Matt Damon. Este no solo escribe, también interpreta al protagonista del film. En el núcleo de todo está la conciencia: qué hacer, cómo actuar. Nos sitúan entre nosotros y ellos. El corazón frente a la cabeza. El sentimiento frente a los números. Qué América queremos construir. ¿De verdad vamos a vender nuestras tierras, nuestra forma de vida? Los dilemas de Damon canalizan las divulgativas aguas de este film: el fracking está bajo su punto de mira. Los demócratas estadounidenses se frotan las manos. La película busca llegar al gran público y, con esta intención, pierde profundidad mientras baña innecesariamente sus fotogramas con el simplón romance que representa Rosemarie DeWitt o la payasa manera con que se introduce el tema de Irak a través del personaje a quien interpreta Scoot McNairy. El panfleto, por desgracia, nadie lo discute. Igualmente tiene su punto, pues se ve con gusto. Andan por aquí Frances McDormand -brillante en su desoladora actuación- y un siempre acertado Hal Holbrook, líder espiritual de la narración. El puñetazo se queda en poco. La cosa daba para más.   

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Gus Van Sant (2012) Promised land

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