Uli Edel

El Berlín de los drogadictos

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Christiane siente el desafecto de la ciudad. Camina, vacía, por ella. Todo le parece una mierda. ¿Cómo es posible esto en una quinceañera? Es el puñetazo que Uli Edel le suelta al mundo occidental, a esa Alemania capitalista, secularizada y vanguardista. Su padre no está. Su hermana huye. Y su madre se entretiene con un nuevo amante. Es la clase media alemana, con sus dolores de cabeza, socializando a la muchacha. Los vinilos de Bowie entretienen sus tardes. Pero quiere más. Oxigenarse, respirar. Descubrir algo nuevo. La noche reclama a Natja Brunckhorst. Y en ella conoce a Detlev, a Thomas Haustein. Juntos, se sienten mejor. Coquetean, sin embargo, con las drogas. ¿Por qué? Ella se convierte en una prostituta adolescente heroinómana. Brutal la escena del vómito y el desespero con la abstinencia. Él es un quinceañero chapero. Tienen que pagar sus vicios, su enfermedad. El Bahnhof Zoo, paraíso de putas y yonquis, se convierte en su segunda casa. Es el Berlín de los años 70. Aquella ciudad angosta y maldita a la que le cantó Lou Reed en 1973. Caroline, Christiane y tantas otras. Es el Berlín de los drogadictos.

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Uli Edel (1981) Christiane F – Wir kinder vom Bahnhof Zoo

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Tralala

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El país libre por excelencia celebra su buena salud. Son los años cincuenta, el bienestar comienza a repartir sus bondades y los políticos se permiten el lujo de defender sus ideales por todo el mundo. Detrás de los atavíos del mercado, sin embargo, en el patio trasero que representa Brooklyn, todo parece distinto: es la cara B de un mismo discurso. El ambiente es sórdido a ojos de Uli Edel. Los jóvenes se abrazan a la salvaje violencia. Burt Young busca rescatar, aunque sea religiosamente, el honor de su hija, preñada de ocho meses. Stephen Lang se olvida de su atractiva esposa, de su bebé recién nacido. Pervierte al sindicalismo entre travestis, alcohol y homosexualidad reprimida. Los estibadores defienden lo suyo. Durante el día insultan y golpean al esquirol, arremeten contra el patrón. Mientras, por la noche, se entretienen con las mejores tetas del mundo occidental, las que muestra una olvidada Jennifer Jason Leigh. Algún apuesto marine ha quedado prendado de sus encantos. Otros muchos han pagado de su bolsillo su sucia zalamería. Todos, en cualquier caso, se marchan hacia Corea. Tienen que defender con su vida la construcción de un nuevo orden mundial: el magnate surcoreano de hoy en día podría, al menos, darles las gracias. La lucha de clases se ahoga en Nueva York. Entre tanto, un chaval queda fascinado por una vieja moto. Sueña con montar en ella a Tralala. Es la porción que pide del sueño americano. Solo eso.

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Uli Edel (1989) Last exit to Brooklyn